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El cemento en las rodillas. El calor subiendo como hormigas por las rodillas. La sensación de claustrofobia en el medio del jardÃn, de rodillas.
No veo mi sombra; estoy como aprisionándola debajo de mÃ. No la quiero atrás ni adelante ni a los costados de mi cuerpo devolviendo sus movimientos... La quiero debajo de mÃ, de mis rodillas, que aÃsle (algo) el calor del cemento que sube. La sombra tiene un espesor, siento su contacto: tiene algo de césped verde y suave como un colchón. Me aÃsla del calor del cemento resquebrajado por el sol. Una bola de hierro al rojo es el sol. El hilo que lo sostiene parece alargarse, acercándolo a mÃ.
Y este corazón que ya no quiere quedarse adentro. Abrió el pecho y saltó a mis manos. Se acurrucó y late como ronroneando. Busca caricias mi corazón.
(Pero no aquéllas.)
Sé que todo puede cambiar.
La bola de hierro incandescente del sol está sobre mi cabeza ahora. Y el cemento... Si no fuera por mi sombra, mis rodillas se derretirÃan sobre el hormigón. QuedarÃa un charco bajo la bola caliente del sol y mi corazón.
Conozco sus engaños. Ahora saltó del pecho a mis brazos, acomodándose en el pliegue de la articulación del codo pero no es siempre asÃ. Mi corazón es feroz y voraz. No se confundan porque ahora parece un gato lleno y agradecido. Puede ser un arma mi corazón. y sé que no lo controlo.
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